
Se puede decir mucho sobre lo ocurrido en Venezuela durante los últimos 30 años. Cada uno tendrá su opinión, obviamente. Algunos estarán a favor del chavismo -o lo que queda de él- y otros estarán radicalmente en contra; algunos -probablemente pocos- se situarán en un lugar menos extremo y pensarán que ni el chavismo ni la oposición -visto lo visto- son lo que el país necesita, y otros simplemente se mantendrán al margen alegando infinidad de motivos. Yo siempre dudo entre dar mi punto vista o simplemente callarme, pues me pregunto si mi opinión es lícita después de tantos años viviendo fuera del país, si aporta algo a un debate exacerbado que desde ya hace tiempo ha dejado de ser constructivo.
María Corina Machado ha demostrado ser una persona tenaz en sus objetivos, porfiada como pocas, tanto como para, berrinche tras berrinche, hacer el ridículo. Con una personalidad mesiánica -comparte más rasgos con el difunto Chávez de los que le gustaría-, actúa como si fuera la elegida para llevar a cabo la misión divina de salvar a Venezuela de la lacra revolucionaria. Incluso ahora, en el momento menos indicado.
Fernando Prado.
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