El contenido del vaso ya se está derramando

GOTERO

Han tenido que ocurrir tragedias como las de hace unos pocos días para que la Unión Europea despertara de la indiferencia -o eso es lo que puede parecer-. Después de superar los mil seiscientos muertos en lo que va de año los responsables de los gobiernos europeos han dicho que vale, que ya está bien, que mejor quedamos un rato, nos hacemos unas fotos y presentamos una serie de propuestas para terminar con la inmigración ilegal; porque eso, al fin y al cabo, es lo que se persigue: que cada vez lleguen menos inmigrantes a las playas y fronteras europeas, que puedan ser devueltos cuanto antes a sus países de origen, que no se les conceda asilo en caso de que lo soliciten. Todas y cada una de las medidas que ha puesto en marcha la Unión Europea han sido un fracaso y el Mare Nostrum -un programa que ayudaba a salvar más vidas- ha desaparecido por “caro”. Y han sido un fracaso porque Europa es el sueño para miles y miles de africanos, porque Europa representa para ellos la única oportunidad de tener una vida mejor, un futuro.

No hace falta tener mucha imaginación para darse cuenta de que cualquier ser humano que emprende un viaje de éstas características -que en ocasiones dura meses o incluso años- a través de varios países, pasando hambre y frío, sufriendo malos tratos y siendo víctima de las mafias para subirse a una patera -o a cualquier embarcación en un estado deplorable- abarrotada de más seres humanos, está desesperado, no tiene nada que perder porque ya lo ha perdido todo excepto su propia vida, y su vida, reconozcámoslo, no vale una carajo. Ellos lo saben y nosotros lo sabemos, por eso deciden tomar semejante riesgo.

El impulso generado por la desesperación es imparable. Por eso reforzar la vigilancia no funciona, levantar vallas con cuchillas como las de Melilla no funciona. Y no funciona porque los europeos ven la inmigración como un problema legal. ¿Acaso puede ser ilegal aspirar a una vida mejor, a un poco de dignidad, a un futuro?

Muchos de los que se oponen a la inmigración “ilegal” también se subirían a una patera si su situación fuera tan dramática como la de todas estas personas -mujeres, niños, hombres- que se echan al mar. Es triste y alarmante -y una vergüenza por descontado- que no pocos europeos piensen que no deberíamos dejar entrar más inmigrantes porque nos quitan el trabajo, abusan de la sanidad pública -o lo que queda de ella- y no pagan impuestos, cuando se ha demostrado que no es cierto.

Así que dejémonos de rollos y reconozcamos abiertamente que los negros que vienen a Europa nos importan una mierda. Más razón para reconocer y agradecer la enorme labor de las diferentes ONG que trabajan para ayudar a los inmigrantes, de la Cruz Roja, de los pescadores que acuden a rescatar vidas al mar, de algunos periodistas y de todas las personas que se indignan y alzan la voz contra el abandono de la Unión Europea.

No más vallas, ni fronteras, ni indiferencia. No más confinaciones ni malos tratos en los centros de internamiento. Europa se ha pasado siglos expoliando a los países africanos, apoyando a grupos armados que acabaron convirtiéndose en terroristas, aupando a dictadores y todo para perseguir sus intereses económicos. Ahora no deberían mirar hacia otra parte porque es corresponsable de la situación en la que se encuentran millones de personas -y no sólo en África-.

El contenido del vaso ya se está derramando.

Fernando Prado.

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