¿Higiene?

CEREBRO DUCHAS

Cambio. Después de semanas de diálogo, de encuentros y reuniones, de llamamientos a la responsablidad y al sentido común, de invocar al patriotismo, de negaciones y pactos en la sombra, parece que al fin los políticos -los de siempre- se han puesto de acuerdo en una sola cosa: que el Congreso de los Diputados está siendo tomado por una pequeña multitud de jóvenes piojosos y malolientes, madres recién paridas con sus hijos y perroflautas desaliñados y con mal aspecto. Sus Señorías parecen estar preguntándose qué es lo que está pasando, en qué se está convirtiendo este país para que unos cuantos radicales indecentes ocupen escaños en el hemiciclo.

Cambio. Eso es lo que está pasando. Nunca antes el Congreso había sido tan diverso, jamás los españoles habían estado tan bien representados, y no me refiero a cantidad ni a calidad -aún es pronto- sino a pluralidad.

La sesión de constitución de las cortes ha hecho que sonaran las trompetas del apocalipsis. Políticos y periodistas -incluídos algunos que se hacen llamar progresistas– se rasgaron las vestiduras y alzaron la voz ante lo que denominaron, unánimemente, un espectáculo lamentable lleno de gestos innecesarios y de juramentos absurdos que rayan el delito. Las miradas a algunos de los nuevos diputados lo dejaron clarísimo: miradas de desprecio, calcificadas, clasistas. Tienen miedo de que el cambio los acabe sepultando o de que al menos los haga recular. Los de siempre se sienten inseguros, temen perder todos los privilegios que han ido consiguiendo desde la Transición, de que la política deje de ser un coto de caza exclusivo y se convierta en lo que debería haber sido desde un principio.

Todas esas insinuaciones, declaraciones y opiniones sobre el aspecto de algunos nuevos diputados nos han demostrado que existe una desconexión entre la sociedad y la clase política. Siempre se juzga al que es diferente en lugar de intentar comprenderlo. Es sorprendente que aún se piense que el aspecto es lo que hace a una persona -dime cómo vistes y te diré quién eres-.

Que una persona decida vestirse y peinarse de una u otra manera no condiciona su calidad humana. Sólo si dejamos atrás los prejuicios viviremos en una sociedad más libre, más avanzada y más igualitaria.

Fernando Prado.

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