Turismo

Hace unos años, cuando todos éramos ricos, si no pedías una hipoteca a treinta años para comprar una vivienda, un coche y para pagar el viaje de novios no eras nadie. Entonces estalló la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera y comenzó el drama del desempleo, las familias rotas, los desahucios.

El turismo también puede ser visto como una burbuja, como un gran saco en el que hemos ido metiendo de todo porque todo vale. Dicen que viajar es enriquecedor porque nos sirve para ampliar nuestros horizontes, conocer otras culturas, otras tradiciones. Sin duda, pero no siempre. Que alguien me explique qué tiene de enriquecedor el turismo de botellón, por ejemplo. Se puede viajar de muchas maneras, de hecho, a veces no es necesario salir de la ciudad o el pueblo en el que vivimos. Se habla de turismo sostenible, de un turismo más responsable y ético. ¿Es eso posible?

La industria del turismo ha sabido evolucionar y se las ha arreglado para vendernos un modelo que se ha acabado imponiendo: todos tenemos derecho a un trozo de paraíso. Queremos viajar a los lugares más recónditos del planeta, subir las cimas más altas, caminar por selvas vírgenes, visitar templos de civilizaciones antiguas, pero parece que no se nos ocurre pensar en el impacto que todo esto produce en los ecosistemas o en la vida diaria de los habitantes de las ciudades y pueblos. Miles de aviones y barcos surcan el cielo y navegan por todos los mares con la única finalidad de transportar de un lugar a otro a millones de turistas hambrientos de experiencias únicas.

Hoy en día, si no viajas no eres nadie. Hay personas que coleccionan viajes con el mismo fervor de quien coleccionaba sellos. Si no llenas tus perfiles en las redes sociales con cientos de fotos de tus viajes alrededor del mundo eres un paleto. Nos sentimos con derecho de invadir las ciudades y sus barrios y nos indignamos cuando sus habitantes se organizan para reclamar más civismo, más respeto y para tratar de recuperar sus espacios. Queremos hacer de cualquier lugar del mundo nuestra casa, llegar a todas partes y hacer lo que nos plazca porque para eso hemos pagado.

Creo que estamos muy equivocados. La industria del turismo es muy importante para países como España, pero los que más se benefician siempre son los mismos. No podemos sacrificarlo todo por unos cuantos miles de puestos de trabajo precario que reducen, como cada verano, las cifras de desempleo. Es imprescindible cambiar el modelo turístico y hacerlo teniendo en cuenta las necesidades de cada uno de los sectores implicados, incluyendo, por supuesto, las de los habitantes de las ciudades, de los pueblos y de los barrios, estos últimos en peligro de extinción.

Fernando Prado.

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