TodEs, todAs, todOs y todOAs merecemos sentirnos e identificarnos dentro del lenguaje

Cuando le escuché decir a la tripulación de «La Montaña» en su gira Zapatista, que quién renombraría al continente europeo como Slumil K’ajxemk’op (Tierra insumisa) sería otroa Marijose, me emocionó su sensibilidad colectiva al hacerle protagonista, y tener la consideración de malear la flexibilidad del lenguaje para hacer justicia y sustituir «otro u otra» por «otroa». Por el contrario, en gran parte de la sociedad, hay una especial crispación aquí en España, en México y supongo que en Latinoamérica, que se oponen a la sustitución en los artículos, adjetivos y sustantivos, de la letra «A» y «O» por la «E» que se considera como neutro. Y también la defensa a ultranza de que las palabras con género masculino incluyen a las mujeres, que no es necesario decir ellos y ellas, o poner una x en ellxs para ser inclusivos. Y también las hay, quienes consideran que no es el momento, ni es relevante hacerlo ahora, que hay otras luchas más importantes.

El lenguaje, es una de las conquistas heteropatriarcales machistas que se le arrebató a la mujer. Citaré a uno de los libros más famosos y leídos de la historia: «El verbo se hizo carne», habla de Jesús, que es hijo de dios e iluminado por una paloma, la trinidad tiene pene. Los hombres al verse incapaces de dar vida, de alimentarla con su propio cuerpo, sin poder ser divinidades o diosas, e inspirados por la ganadería, encontraron la manera de arrebatarle el poder de la vida a las mujeres, apropiándose del poder de nombrar el mundo. Una de las primeras cosas que renombraron fue a las diosas para convertirlas en dioses.

Al hablar, pensar y escribir, he intentado dejar de utilizar palabras bélicas en situaciones cotidianas, como pelear, campaña, guerra y otras tantas. Las expresiones xenófobas, racistas y clasistas, las he identificado y procuro excluir, «trabajo como negra», «lista negra», «día negro», «eres un negrero», «pareces gitano», «denigrante», «pago en negro». He dejado de relacionar animales con adjetivos calificativos o conductas de la gente, como zorro, zorra, perra, gata, gallina, gallo, burro, cerdo, cerda, vaca o coneja. A veces debo esperar un poco para hablar, paladear cada palabra, cada idea, le doy mucha importancia a eso porque como dice mi abuela «Las palabras no se recogen» o como dice Thich Nhat Hanh cuando se refiera a usarlas con cuidado y respeto para encontrar «El habla correcta».

No digo que lo consiga, digo que lo intento, poco a poco para asimilarlo. He ido descubriendo que en muchas palabras que usamos a diario, hay una historia de represión, de dolor, de esclavitud, y de machismo.

Por eso es tan importante la lucha de quienes no se identifican con ciertas palabras, porque no les nombran, no les representan. Si no piensas apoyar su lucha, apártate, no estorbes.

Como dice Rubén Albarrán «Todas las luchas son la misma lucha», y la del lenguaje lo es.

TodEs, todAs, todOs y todOAs merecemos sentirnos e identificarnos dentro del lenguaje.

Augusto Metztli.

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