La guerra, la paz, la migración y el sahuaro de la esquina

Pasé cientos… o miles de veces por ahí, desde los siete u ocho años de edad, esa esquina era ruta oficial de niño recadero. De ida y de vuelta para ir al supermercado. Por alguna razón, siempre olvidaban algo y me volvían a mandar al mismo sitio. Es una esquina con un pequeño callejón, a unos metros de la entrada lateral del centro comercial Arboledas, donde hay una Bodega Aurrera.

Ahora con 41 años, estando ahí en Guadalajara, México, descubrí que en ese lugar «de siempre», hay un enorme y precioso «sahuaro» creciendo protegido por su soledad.

No hace mucho, en el 2016, Marta, mi madre y yo, invitamos a mi abuela materna a ver una película, en los cines del centro comercial. Elegimos «Desierto» dirigida por Jonás y Alfonso Cuarón y protagonizada por Gael García Bernal. Fue toda una aventura ir con mi abuela (Coco Mamá, así le digo), en ese entonces usaba andadera, por lo que íbamos muy despacio. A veces se cansaba, tomaba aire y continuaba. Paso a paso hasta llegar al cine.

Compramos palomitas como debe de ser. Y ahí sentadas viendo la película, pasó algo curioso. La película podría resumirse de la siguiente manera: Un grupo de emigrantes quiere cruzar la frontera entre México y Estados Unidos, y para ello contratan los servicios de un «coyote» que los pasará por el desierto (de ahí el título de la película). Pero ellos y ellas no contaban con que un gringo xenófobo y armado comenzaría a matarles, una a una. Entonces mi abuela en voz alta dijo: ¡Ay dios mío, los está matando a todos, si sigue así no va a quedar ninguno! Todos en el cine la escuchamos con sorpresa. A pesar de la dureza de la película, mi abuela disfrutó el paseo.

Pero recapitulando, «Desierto» resume a la perfección el ciclo de la violencia entre la especie humana, las guerras pequeñas y las guerras grandes, las guerras entre personas blancas y las guerras entre personas blancas contra las negras o racializadas. Un violento más poderoso que decide someter o desaparecer a otro grupo determinado de personas por el motivo «x» (como si el motivo fuera importante). Ese grupo de personas decide huir y/o enfrentar al violento, según sus fuerzas y recursos. Terceras personas lo saben y son cómplices de uno u otro bando. Pero los violentados finalmente siempre quedan a su suerte, el violento a veces pierde, a veces gana. Mi abuelo paterno (Ramón, marido de Coco Mamá) decía que los malos ganan cuando son más que los buenos. Pero yo siempre he tenido la duda: ¿Cómo saber quién es el bueno y quién es el malo? A veces me parece que los malos de ayer son los buenos de hoy. O que por ser menos malos, los vemos como buenos…

Efectivamente mi abuela tenía razón, después de la cacería del gringo violento, quedaron pocos. Todo esto sucedía mientras un precioso «sahuaro» crecía ahí cerca.

Entonces no lo ví, ahora sí. Eso me da paz, así como ver a mi abuela mover sus manos dándome la bendición y diciéndome que me quiere.

Augusto Metztli.

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