
Después de que el ejército israelí a mediados de mayo secuestrara en aguas internacionales a cientos de activistas de decenas de nacionalidades de la «Global Sumud Flotilla», los llevó a un barco prisión, ahí los humilló, violentó física y psicológicamente, y los trasladó al puerto de Ashdod para seguir con las torturas, antes de repatriarles a todos.
Circuló un vídeo donde el psicópata Ben Gvire incitaba a que se violentara a los secuestrados y secuestradas por el gobierno genocida de Israel, mientras él lo animaba y disfrutaba. No hace mucho tiempo ese mismo ministro celebraba y brindaba al aprobarse la ley que introduce la pena de muerte por ahorcamiento como castigo por “actos de terrorismo”, de hecho en la solapa de su traje y de sus allegados políticos, brillaba un tétrico pin de una horca dorada.
Todos estos actos han escandalizado a la prensa, gobiernos y sociedades de diversos territorios. Para ello han sido fundamentales las denuncias y relatos de las personas que iban en la flotilla y que van regresando a sus países después de haber sido secuestrados por el gobierno de Israel.
Turquía emitió una orden de detención contra él, Francia le ha prohibido entrar en su territorio. Francia, Italia y España han protestado formalmente y pedido a la Unión Europea que haga más ante esa espiral de violencia, destrucción y crímenes de guerra.
Itamar Ben-Gvirdel ministro del gobierno genocida y corrupto de Benjamín Netanyahu, no esconde en público su ultraviolencia y odio, eso es lo preocupante, lo que hará, cuando nadie lo ve.
Augusto Metztli.
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