Ocho elevado al infinito igual a diabetes

Me pongo a escribir sobre el 14N bajo los efectos de una hipoglucemia, mezclados con los restos de una hiperglucemia. Sí, alguien sin diabetes no podría soportarlo, pero yo hago vida normal y casi me sale todo bien (léase lo último con ironía).

Este año, el 14 de noviembre está dedicado a “las mujeres y la diabetes”, porque se acordaron de que ser niña y mujer debe de ser tomado en cuenta. Más vale tarde que nunca, ya que esto de la supuesta igualdad y aparente normalidad es un tema más que delicado. Es algo así como la guinda del pastel que da mucho jugo, nunca mejor dicho: “Mujer con dulce enfermedad crónica”.

Si te coincide vivirla con escasos recursos, posiblemente te irá mal; si estás forrada, tendrás muchas más comodidades pero no podrás evitar complicaciones; y si te consideras normalilla, pues sabes que tienes un peso extra que no se despegará de ti, e intentas cuidarte para esquivar males mayores.

Pero a pesar de las diferencias sociales, rechazos laborales, desprecios de falsas amistades, problemas familiares, etc, todas tenemos la misma sangre, esa que debemos de analizar 6-8 veces al día, si va todo bien. Por eso quise ilustrar el día de hoy con una mínima muestra de nuestra realidad: Gotitas de sangre de un solo día, multiplicadas por 7, para seguir multiplicando por 12, y así hasta que la vida nos lo permita (y la insulina, y demás aparatejos, que en España regala el gobierno). Por mi parte, la que menos me duele, pero la que más impacta al público porque esto no lo oculto (y que lo puedo hacer con los ojos cerrados con 31 años de experiencia en diabetes) pero que nunca deja de extrañar a quien me ve picotear los dedos donde a veces brotan 2 gotas, la recién pinchada y la de hace 2 horas, o cuando se mezclan la sangre con la pintura.

Aún así, todo lo que leí sobre “mujeres y diabetes” se me hace un poco ajeno, es raro pero así lo siento. Será porque las diferencias que percibo por ser mujer con diabetes las he descubierto yo sin ayuda/consejo médico, y eso me hace reflexionar y enfocarme desde otro punto de vista. Será porque ser mujer se reduce a “tener un trabajo normal”, “ser una madre normal” y “hacer deporte a un ritmo normal”. Y ¿qué pasa cuando una no encaja en ese pack? Pues te buscas alternativas para vivir cómo tú deseas, y te sigues pinchando mientras los baños de bosque no se puedan convertir en microdosis inyectables. 

¡¡Feliz día a todas y todos con agradables números!!

Marthazul.

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